Cómo todo periodista de alma, de vocación no me pude ausentar a presenciar desde la televisión la sesión que algunos denominan “histórica” donde se debatía la constitucionalidad de la resolución 125 que fijaba retenciones a la exportación de granos.
Nunca antes en mi vida había escuchado tantos discursos. Tantas voces a favor y en contra a esta polémica medida del ejecutivo nacional que, según Cristina Kirchner, contribuía a la mejor distribución de la riqueza.
Hubo algo que no pude dejar de sentir: bronca y pena al mismo tiempo. Vi muchas caras que ya conocía como las de los dos ex presidentes Carlos Saúl Menem y Alberto Saa. Mientras veía a este ultimo me acordaba de la crisis de diciembre allá por el año 2001.
Fue ese momento en el cúal todos nosotros exigiamos el “Que se vayan todos” y hoy vimos que otra vez más hicieron oidos sordos a nuestro reclamo. Pero a la vez pienso ¿no habremos hecho algo mal como sociedad al no mantenernos firme en nuestra convicción? Me parece que sí.
No puedo dejar de creer en mi país y en su gente, nosotros los verdaderos argentinos (por más que pueda sonar discriminativo) no somos aquellos que nos meten en un colectivo por un choripan y nos llevan a Plaza de Mayo ni somos tampoco quienes sacamos a nuestras empleadas domesticas a protestar por nosotros. Somos quienes vivimos con un despertador a cuestas, vamos a trabajar, soportamos lluvia, frío, calor y viento en una parada de colectivo y no quienes estamos en la puerta de un banco esperando un subsidio que ahora permite más facilidad que tener una tarjeta de crédito.
Nos estamos confundiendo entre nosotros. Hay mucho lobo disfrazado de oveja ahora. El pueblo, término siempre empleado por los demagogos de turno, es aquel que camina, que lucha pero no en una plaza sino en su familia, en su trabajo, en su estudio. Cuando alguién realmente quiera conocer a la verdadera Argentina tiene que ir a los pueblos, y no a las villas emergentes o a los countrys de la zona norte. No digo esto porque no considere que esas personas no sean habitantes sino porque nuestra escencia se basa en el trabajo y en el respeto a todos.
¿Podemos aceptar que nos comparen con un drogadicto aniquilador de familias? ¿Estamos cómodos pensando que algún día nos tocará hacer la américa? Yo no. Tengo 20 años, nada más, ni nada menos. Estoy cansado de trabajar, de estudiar, de planear un país junto a una vida que hoy se me abre de puerta en puerta. ¿Qué encuentro? Mentira, manipulación de la información, más mentira, odios, intolerancia.
Se llenan la boca ahora diciendo que aquellos que disentimos con un gobierno que fue demócratica pero dudosamente elegido somos “golpistas” o “desestabilizadores”. No hay nada más lejano a mi intención. Quiero pensar a mi país como una república federal. Desde chico nos enseñan que nuestro país es una república por la división de poderes, por el federalismo.
Por primera vez, pude entender que era eso, y como funcionaba. El poder legislativo hizo escuchar su voz de la manera más pacífica y serena que pudo. El país entero sintio esa necesidad de oir a sus legisladores. Conocimos quienes eran, que piensan, cómo se manejan. Hacía tiempo que no pasaba, casi más de veinte años.
Por fin y al fin compatriotas nuestro país empieza a caminar institucionalmente y no rengueando por culpa de la carga del gobernante de turno. Espero que Cristina termine su mandato de la mejor manera, pero que lo concluya y que la Argentina tenga un sendero de constitucionalidad y armonia social que hace tiempo ya, viene mereciendo.